| Biblio 3W. Revista Bibliográfica de Geografía y Ciencias
Sociales. Universidad de Barcelona nº 37, 16 de julio de 1997 |
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Gabriel DUPUY: Les territoires de
l´automobile Anthropos, París, 1995 (216 pp. ISBN: 2-7178-2880-X)
Francisco Javier
Monclús
Universitat Politècnica de Catalunya
La importancia del tema abordado en el libro de Gabriel Dupuy -las relaciones
entre el automóvil y la ciudad y el territorio contemporáneo- no necesita ser
destacada: el automovil es el gran mito del siglo XX. Sin embargo, a pesar de la
omnipresencia del automóvil en nuestras vidas, el hecho es que han proliferado
mucho más los artículos periodísticos o las investigaciones estríctamente
empíricas que los ensayos rigurosos con intención de incidir en el debate
urbanístico actual. Que la aproximación sea la de un estudioso interesado por la
ciudad europea, aunque centrado en las ciudades francesas con una clara
intención comparativa es realmente novedoso. Pues este tipo de perspectivas
amplias sobre el fenómeno del automóvil parecían ser hasta ahora patrimonio casi
exclusivo de la literatura anglosajona, en particular de autores norteamericanos
(1).
Como señala Dupuy, sobre todo en Europa y en particular en Francia,
para todo un medio intelectual y de profesionales el automovil se entiende,
símplemente, como un mal. La actitud que domina es mucho más la del médico que
la del biólogo. Una actitud, por cierto, que también está bastante difundida por
aquí, como muestran los eslóganes de algunos asistentes a la última "Fiesta de
la bicicleta" barcelonesa ("el coche es el cancer de la ciudad moderna"). Se
asiste a una verdadera esquizofrenia, con la utilización masiva del auto a la
vez que se denuncian los efectos perversos sin llegar a comprender los
verdaderos resortes del fenómeno. Sin pretender efectuar una historia de los
transportes, el autor inscribe el auto en la línea que, de la carroza al
tranvia, hasta el metro... asegura el desplazamiento de los ciudadanos. Aunque
ahora, la ruptura es suficientemente radical como para poder hablar de
revolución, asociada a la explosión de la movilidad urbana y metropolitana que
se produce en las ciudades occidentales.
Muchos consideran que el auto
es sinónimo de desdensificación y, por tanto, de muerte de la ciudad. Se cita el
caso de Los Angeles como ejemplo de no ciudad aunque, como se ha demostrado en
varios trabajos, el tranvía ya había cambiado las formas de esa aglomeración. El
auto no es el único responsable de la tendencia a la desconcentración manifiesta
en las ciudades del mundo occidental, aunquelas refuerza netamente y les da
formas nuevas que se juzgan perniciosas (el urban sprawl). Aquí aparece el
problema de los límites de la ciudad: el autor recuerda que ya para Cerdá el
tren había de jugar un papel de apertura radical de la ciudad, imaginando una
flexibilidad que la técnica ferroviaria no permitiría jamás.
Después de exponer sus dudas sobre las tesis que ven el automóvil como el
responsable de una eventual "muerte de la ciudad", se señalan distintas
interpretaciones que apuntan a tranformaciones radicales de la ciudad
tradicional en momentos previos a la irrupción del automóvil.
En dos capítulos consecutivos (II y III) se aborda el fenómeno de la difusión y la masificación del automovil. El desarrollo del parque automovilístico y la motorización en distintos paises es objeto de un tratamiento que supera la habitual aproximación cuantitativista. La democratización del automóvil se produce de forma diferente en cada país, aunque en todas partes, como ya había señalado Lewis Mumford hace más de treinta años "como la televisión", se convierte en símbolo adorado de progreso económico y de estatus social más elevado, prometiendo a todos un control sobre el tiempo y el espacio desconocido en cualquier otra época.
El resultado de ese proceso ha sido una revolución manifiesta en las pautas
de movilidad de los ciudadanos franceses: 82% de los desplazamientos mecanizados
producidos (en 1991) se efectúan utilizando el automóvil.
A continuación (IV) se analizan los argumentos de "los que oponen
ciudad y automóvil", es decir, las doctrinas de L.Mumford, H.Lefebvre, A.Sauvy,
J.Jacobs, I.Illitch, etc. Y también los de otros autores que Dupuy parece
considerar más ajustados a las situaciones reales como el alemán W, Sachs, quien
insiste en los aspectos de degradación del espacio social ("lo que se gana a
distancia, se pierde en la proximidad al domicilio") y de creación de nuevas
formas de desigualdad debido a la motorización incompleta de la población.
Las modificaciones en el espacio urbano son el objeto de un tratamiento más
convencional (V) en el que se recogen las aportaciones del conocido Informe de
C.Buchanan (1963) y algunos otros en relación a la obligada adaptación de la
ciudad al automóvil. Efectivamente, las propuestas de jerarquización del tráfico
para proteger del mismo a determinadas zonas residenciales todavía presiden las
políticas municipales de un buen número de ciudades europeas. Algo más
superficial resulta el tratamiento de las "arquitecturas del automóvil" (VI), un
tema fundamental que merece algunas rápidas aunque interesantes referencias a
las propuestas de F.L.Wright o de Le Corbusier, así como a la importancia de
"carrefours", garajes, moteles o hipermercados en el nuevo paisaje creado por el
automóvil. Una interpretación de la nueva "geografía del automóvil" en la que
resultan manifiestas las influencias de autores como Lynch o de Venturi aunque
Dupuy se esfuerza por considerar el contexto específico de las ciudades europeas
(VII).
En todo el texto se manifiesta una gran confianza en la supervivencia de la
ciudad, rechazando las "visiones apocalípticas" de un Sauvy o de un Illitch: la
ciudad de la era del auto es, desde luego, diferente, pero no por ello menos
urbana. No se trata solo de la irrupción de una tecnologia en la ciudad, pues la
adhesión profunda y popular al auto tiene otros significados. Uno de los
capítulos más provocadoramente interesantes del texto es el dedicado a la
percepción del automóvil como un sistema "liberador" (VIII). El automóvil es
asociado a un sentimiento de libertad, de elección, de liberación. Encuestas
llevadas a cabo en distintos paises muestran esos sentimientos vinculados al
"placer de conducir", etc. Para muchos, el auto es vivido como medio provisional
o transitorio de liberación. Recogiendo las investigaciones llevadas a cabo por
diversos autores norteamericanos, se desmitifica la desaparición del tranvía en
ciudades como Los Angeles, en la que ese hecho ha sido atribuido
tradicionalmente a la acción del lobby del auto, mientras que la opción en favor
del auto por parte de las clases acomodadas habría resultado fundamental.
Sobre todo, en los espacios periurbanos, la posesión del coche desempeña un
papel fundamental en la sensación de control del tiempo y del espacio, sensación
de autonomía ausente en el transporte colectivo. Partiendo aquí de importantes
estudios efectuados en las ciudades alemanas, Dupuy no duda en afirmar que el
automovil jugaría para el adulto el mismo papel que la bicicleta tiene para el
niño. O bien el que la bicicleta tenía para el adulto antes del advenimiento del
auto. Un medio de liberación -con la democratización del mismo- tanto para las
mujeres, como para adolescentes, obreros, inmigrantes, etc.). Si la percepción
social del auto resulta que no entiende los embotellamientos, la búsqueda de
aparcamiento, etc., como tiempo perdido sino como "ganancia", los argumentos que
oponen el transporte individual al colectivo no son realistas. Es en este tipo
de imágenes en donde se encuentran las respuestas a las "cuestiones
aparentemente paradójicas de un Sauvy, de un Illitch o de un Robert sobre las
razones que conducirían a los automovilistas a escoger el medio de transporte
´menos indicado´".
En los capítulos finales, el autor
recoge diversas líneas de la reflexión sobre el territorio enfatizando una serie
de palabras clave: apropiación, identidad, diversidad, poder, "dominación".
Desde este punto de vista, el automóvil determina los comportamientos
territoriales, de hecho favorece una especie de "reconquista" y de
reconstitución de tres tipos de territorios: el suburbano, el rururbano, el
turístico. Territorios que se superponen entre sí y que tienden a reemplazarse
(el periurbano en relación al suburbano, en particular). Las nociones de
densidad, de proximidad, de aglomeración, con las cuales se confundía la ciudad
tradicional, son alteradas por un "sistema auto" prácticamente ilimitado. De
este modo, la imagen de la ciudad tradicional, rodeada por el campo, parece
pertenecer al pasado. Proceso en el que el auto ha jugado finalmente un papel
determinante, junto a la extensión de otras redes técnicas: electricidad,
teléfono, abastecimiento de agua y alcantarillado. Los datos sobre el aumento de
las distancias recorridas por los ciudadanos norteamericanos, franceses o
alemanes en los últimos 20 años son reveladores: aumento de 1/3 en USA, se dobla
en Alemania (de 13 a 22 km entre 1960 y 1980) y en Francia (de 7 a 14 km entre
1975 y 1990), aunque una parte importante de esos desplazamientos se efectuan
todavía en transporte colectivo. "Se podría pues admitir que el sistema auto ha
reconstituido una especie de nueva ciudad, integrando ampliamente los vestigios
de la que la precedía, provista de características sociales y espaciales
originales, aunque transformadas, de la antigua urbanidad".
Las diferencias y los procesos análogos que se perciben entre las
ciudades norteamericanas y las europeas son consideradas de forma bastante
equilibrada. Por ejemplo,,no se trata en Europa, como en los EE.UU. de una
autonomización radical de las áreas periféricas en relación a las centrales
(como ha mostrado J.Garreau en su célebre Edge Cities), aunque hay índicadores
en esa dirección (Villes Nouvelles en la Región de París, por ejemplo). Los
"territorios del auto" evolucionan, se diversifican y se recomponen. Así, el
territorio suburbano da paso a nuevos espacios periurbanos, rururbanos,
turísticos, interurbanos y regionales, que complementan o prolongan los
territorios tradicionales.
Las conclusiones del autor parecen bastante realistas y eficaces: aunque la interpretación de las relaciones transporte-territorio está lejos del mecanicismo causal, se destaca el impacto indudable del automovil. El sistema auto no ha destruido la ciudad anterior, aunque la ha transformado radicalmente y se excluye toda marcha atrás. Ahora bien, el automóvil no es de ningún modo ineluctable y puede perder a largo plazo su monopolio radical.
Notas
(1) Como el importante
trabajo de MCSHANE, C., Down the Asphalt Path: The Automobile and the American
City, Columbia University Press, Nueva York, 1994
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